Palabras de apertura de manuel Tagle (H) en la reunión de empresarios del B20 en Cordoba (Argentina)

Es un orgullo y un honor para el G6 haber sido designado sede de este encuentro tan representativo de empresarios como es el B20. El G6 ha estado siempre comprometido con el desarrollo, el progreso y el bienestar de la sociedad. Y es por ello, que toma con gran entusiasmo la organización de esta convocatoria de empresarios, que tiene como objetivo sugerir medidas a los presidentes del G-20.

A su vez, cabe resaltar que es una distinción esta designación como sede del G20 para nuestro país, y un reconocimiento para nuestro actual gobierno y en especial para el presidente Mauricio Macri.

Señores empresarios; estamos en un mundo “apolar”, el enfrentamiento entre el socialismo y el capitalismo que caracterizó y polarizó a gran parte del siglo pasado, se ha desvanecido. El socialismo fracasó y sus secuelas, los populismos demagógicos han colapsado también. Según estos hechos fácticos y objetivos, desprovistos de prejuicios o simpatías ideológicas, ha quedado demostrado que el Capitalismo quedó como la única opción, con su economía de libre mercado y abierta.

De manera categórica, los Países Desarrollados lograron la posición de privilegio y el elevado bienestar que los caracteriza por haber sido consecuentes con esta política.

En función de ello, se pudo extraer de la pobreza a miles de millones de personas en diversos países subdesarrollados del mundo.

Pero una Economía de libre mercado y por lo tanto abierta, representa importantes desafíos y exigencias: En primer lugar, las empresas deben reestructurarse, invertir y proveer productos de alta calidad y a precios competitivos. Por fin, el consumidor dejará de subsidiar, como lo hace en una economía cerrada y protegida al aparato productivo, pagando caro sus productos y de baja calidad. En segundo lugar, las fuerzas laborales deberán contribuir reduciendo sus costos y cargas sociales, no las remuneraciones, para permitir la viabilidad y competitividad de las empresas, lo que permitirá conservar e incrementar el empleo. Por último, los estados, tanto nacionales, provinciales y municipales, deberán también adecuar sus estructuras, reduciendo el tamaño de los presupuestos públicos, con el imperioso objetivo de reducir la presión fiscal. A título de ejemplo, la novedosa y exitosa herramienta de la Participación Pública Privada (PPP), que acaba de lanzarse en nuestro país, con ofertas por 6.000 Millones de dólares, demostrando que el sector privado, está interesado en proveer el valioso financiamiento que permitirá ejecutar las necesarias obras de infraestructura, contribuyendo con ello, a reducir el tamaño de los presupuestos públicos y por lo tanto, el peso del estado en el aparato productivo. En algunos países como el nuestro, la carga fiscal en el precio de los productos representa un 45% del mismo.

Debemos ser responsables y asumir estos desafíos, porque sin estos ajustes, que deberán hacerse de manera prudente y gradual, cuidando a los más vulnerables, el equilibrio económico no será sustentable, en cuyo caso, el mercado se encargará de hacerlos de manera violenta y con un fuerte impacto en los sectores más débiles.

Por otra parte, sería imposible asumir el nuevo desafío que significa desenvolverse en estas tercera y cuarta revoluciones, denominadas tecnológicas que vivimos, donde la informática, las telecomunicaciones y ahora la inteligencia digital y la robótica han cambiado definitivamente el contexto y los paradigmas. Resultan imprescindibles la innovación, la creatividad y el espíritu de supervivencia que caracteriza a la iniciativa privada.

Para terminar, cometen un grueso error los países desarrollados, en pensar e incluso adoptar, las políticas que los países en desarrollo estamos abandonando, ya que lo hacemos después de comprobar el estruendoso fracaso al que nos condujo un falso nacionalismo, la demagogia y el populismo, que pareciera seducir ahora, al electorado de algunos de esos países, cuyos gobernantes no solo le prestan atención, sino que lo miran con cierta simpatía.

Les pedimos que no se cansen de estar bien, que los logros que han conseguido, no los tiren por la borda. Abandonar los fundamentos económicos que los posicionaron en ese lugar de privilegio, generará retroceso, involución y estancamiento en sus economías, pero también repercutirá en la economía global.

Ha sido mi intención introducir argumentos de manera objetiva, para generar convicción en la defensa de estas ideas. Si los empresarios de estos países, no las defendemos conscientes de nuestro rol y poder, nadie lo hará por nosotros. Debemos librar esta batalla, neutralizando la demonización que aún realizan sectores confundidos y de izquierda, para lograr que este rumbo pierda fuerza o se desvíe.

El G6 lo tiene claro desde su conformación y lo asume como un desafío hacia el futuro.

Para concluir, resulta útil rememorar la frase de Jacques Rueff, asesor del presidente Charles de Gaulle durante la recuperación de Francia en la post guerra, al advertir la tibieza conceptual de algunos políticos y economistas, a quienes les dijo, “señores; sed socialistas o sed liberales, pero no seáis mentirosos”.